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Литература - Elemental

Рубрика: Литература
Литература - Elemental

El cuervo y el zorro

Cierta mañana de verano en lo alto de una rama está el cuervo y mira a su alrededor. Está muy feliz y salta de contento pues tiene muchas ganas de comer. Afortunadamente tiene en su pico un gran trozo de queso que acaba de robar en una granja. No lejos de allí está el zorro que tiene mucha hambre y desea sólo una cosa: comer algo. Más aún, sus pobres tripas vacías gruñen sin cesar y el pobre zorro no tiene nada para calmar su hambre. El zorro ve al cuervo en lo alto del árbol. El pájaro brinca satisfecho con su sabroso bocado en el pico. El zorro nota el gran pedazo de queso en el pico del cuervo y decide robarle el queso. Para eso, muy astuto, saluda: - Muy buenos días, mi querido amigo. Por fin voy a escuchar al mejor cantante de todo el bosque. Por favor, tienes que alegrar mi oído con tu canto. Estoy aquí para escuchar tu melodiosa voz. El cuervo, escucha estos halagos y lleno de orgullo por estas palabras, sin vacilar, abre su pico para agradecer por los elogios y cantar, pero….tiene que ver con tristeza cómo el queso va directo a las garras del astuto zorro. El zorro, inmediatamente toma el queso y va a su casa contento mientras el cuervo, por vanidoso y tonto, tiene que buscar de nuevo algo para comer.

El patito feo

Cada verano la Señora Pata tiene patitos nuevos y todas sus amigas están siempre deseosas de ver a sus hijos, que son muy hermosos y graciosos. Llega por fin el día cuando todos los huevos tienen que abrirse y todos los vecinos y amigos llegan para felicitar a Doña Pata. Uno por uno nacen seis preciosos patitos, cada uno acompañado por los gritos de alegría de los amigos y vecinos… hasta que….¡oh , sorpresa! El último pato es muy feo y muy grande y, además, desgarbado... Todos están terriblemente tristes con la aparición de este pobre animal feo y nadie desea ni siquiera hablar con él. Pasan los días y nada cambia, excepto su aspecto físico. Cada día es más alto y más flaco. Pero… nadie ama al pobre patito y él comprende que tiene que buscar otro sitio para vivir. Y así lo hace: Con mucha tristeza va a otra granja, donde una anciana gallina junto con un gato, aceptan su compañía. Así también pasan varios meses, pero, como antes, el patito está triste pues todos los días tiene muchas ganas de nadar en el lago cercano pero sus amigos están en contra de esto. Más aún, no comprenden por qué no está en casa tranquilo donde hay comida y todas las cosas necesarias para vivir. Pues nuestro héroe decide también escapar de este sitio y, un día de primavera, va directo al lago cercano. Allí él ve como unas aves preciosas pasan cerca: – ¿Por qué estás ahí triste? ¿Por qué no estás con nosotras? ¡Venga, vamos a volar! El patito se mira en el agua del lago y comprende que él es igual a aquellas aves elegantes, hermosas y ágiles. El es un cisne también. Entonces, feliz como nunca, va a donde sus hermanos cisnes a recorrer nuevos mundos.

El comerciante y los monos

Una vez en África un pobre comerciante de sombreros va despacio a un pueblo cercano para vender unos sombreros. Hace mucho calor. Está muy cansado por la marcha y el calor y entonces se para a descansar pues tiene mucha sed y desea sentarse y reposar un poco. Baja el cesto de sus hombros, toma un sombrero y se cubre la cabeza, después se esconde a la sombra de un árbol, se acuesta y se duerme. Al despertarse, ve que su cesto está vacío. No hay ni un solo sombrero. El pobre hombre mira a la izquierda, a la derecha, pero no hay nada. No hay nadie. De pronto, por un ruido en lo alto del árbol, levanta la cabeza y ve que en la cima de los árboles hay muchos monos y que cada mono tiene puesto un sombrero en la cabeza. El comerciante furioso mira a los monos y les ruega a gritos devolverle los sombreros, pero los monos sólo contestan con gestos y gritos que no van a hacer esto. Entonces el pobre hombre, desesperado, decide lanzar piedras a los monos. Como cosa rara, los monos también tiran… nueces al comerciante. Finalmente, el pobre entiende que los monos simplemente imitan sus movimientos y lanza su sombrero a la tierra, esconde su cara entre las manos e imita que llora. Entonces los monos también tiran los sombreros al piso e imitan que lloran. De este modo el pobre hombre recoge todos sus sombreros y se va tranquilo al pueblo a vender su mercancía.

El Viento del Norte y el Sol

Un día el Viento del Norte y el Sol empiezan a discutir. – Yo soy más fuerte que tú – dice el Viento del Norte. –Pues no lo eres. Yo soy más fuerte que tú – le dice el Sol – Oh, no lo eres – le contesta el Viento del Norte. Así discuten y discuten y tal parece que la disputa no tiene fin. En ese momento pasa por su lado un viajero que anda alrededor del mundo. Este hombre lleva una capa encima y el Viento del Norte y el Sol lo miran y deciden, para acabar con la discusión, intentar, por turno, quitarle al viajero la capa que éste lleva encima: – Vamos a hacer una apuesta: El que le quite la capa al viajero en el menor tiempo posible, será el ganador – dice el Sol al Viento del Norte. – Vale. De acuerdo. El Viento del Norte empieza primero y, ¿sabéis lo que hace?: Reúne todas sus fuerzas y sopla y sopla hasta más no poder. El cielo se cubre de nubes, aparece la neblina, llueve, truena y hace un frío terrible. Parece que es la noche más fría y ventosa de todo el invierno. El Viento está completamente seguro de que puede desprender al viajero de la capa que lleva en sus hombros. Pero está equivocado: cuanto más fuerte sopla, el viajero más se abriga y más se envuelve en su capa y tapa su cuerpo tembloroso. - Pues no sé por qué te ríes – le dice enojado el Viento del Norte al Sol. Si yo no puedo despojar al viajero de su abrigo, estoy seguro de que tú tampoco vas a poder hacerlo. – Oh, te equivocas, – dice el Sol y sonríe. Su sonrisa comienza a calentar al viajero. Pasa muy poco tiempo y el viajero afloja su capa y la deja abierta. La sonrisa del Sol calienta más y más. El viajero se echa la capa al hombro de tal modo que cuelga de su espalda. La sonrisa del Sol es cada vez más cálida y cada vez más calurosa. Todo empieza a secarse con el calor y muy pronto el viajero ya no necesita su capa para nada. Finalmente se la quita y se queda sólo con su camisa. Así el Sol demuestra muy fácilmente quién es el más fuerte.

El cuento de nunca acabar

En cierto país reina un poderoso monarca a quien le gusta oír largas historias, pero jamás queda satisfecho con las historias que le cuentan. Además, el rey castiga con crueldad a todos los narradores si el cuento que escucha termina demasiado rápido. Y, como es conocido, todos los cuentos, más pronto que tarde, llegan a su fin. Se presenta cierto día un muchacho y dice que va a narrarle al rey una historia de nunca acabar. Después de reglamentar las horas para sus comidas y descanso, inicia su cuento: – Majestad, pues, mi historia es sobre un rey tirano y avaro que lo único que desea es aumentar sus riquezas y a esto dedica todo su tiempo: Hace recoger todo el grano de su reino y lo hace depositar en un inmenso granero, alto como una montaña. Las puertas y ventanas las cierran cuidadosamente por todos lados, pero, por un descuido, los trabajadores dejan un agujerito en el techo del granero. Entonces poco a poco acuden nubes de langostas para robarle al rey su grano. Pero, como el agujero es muy pequeño, sólo pueden entrar y salir una por una. Así entra una langosta y sale con un grano, después entra otra langosta y sale con otro grano… Después entra otra langosta y sale con otro grano… Después entra otra langosta y sale con otro grano… Y así sigue su historia el astuto narrador durante un mes. El rey aunque dotado de gran paciencia, empieza a cansarse e interrumpe al narrador: – ¡Vale, vale, vale, vale! ¡Venga hombre, que ya estoy harto de langostas! Vamos a suponer que acaban por llevarse todo el grano, ¿qué sucede después? - Perdonad, majestad; es una parte muy importante del cuento y no puedo seguir adelante. Primero tengo que terminar esta parte. Con admirable paciencia, entonces, lo escucha el rey durante seis meses, hasta que un día le dice: – Ya estoy hasta la corona de vuestras langostas. ¿Cuánto tiempo calculas que tardan en robar todo el grano las malditas langostas? – ¡Señor! Al punto que llegamos de nuestro cuento, las langostas sólo han vaciado un espacio como el hueco de mi mano. ¡Debe tener más paciencia! Vamos a llegar algún día a la última de las langostas. Animado por estas palabras, el rey escucha la historia durante todo un año más… pero el joven prosi¬gue como antes: «Después entra otra langosta y sale con otro grano… Después entra otra langosta y sale con otro grano…». Pero el rey, casi loco, un buen día le grita: – ¡Basta! ¡Basta! Tomad mi hija, mi reino, mi corona, todo, pero no quiero oír ni una palabra más de ese cuento, por nada del mundo. El muchacho se casa con la hermosa hija del rey, y así el ingenioso ardid de ese joven frena la insensata extravagancia del rey.

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